Los Pumas le ganaron por primera vez a los Springboks en Durban.

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La victoria del seleccionado argentino de rugby ante Sudáfrica fue sublime. Con un resultado de 37 sobre 25, los Pumas revivieron su génesis con un impacto para todos los tiempos.




 

Personalidad, juego de equipo, concentración, actitud y buenas decisiones se conjugaron para un hito de la Argentina: ganarle por primera vez a Sudáfrica y en su casa.

Emociones de 50 años, emociones de ayer. Incomparables y para toda la vida. Cuando el seleccionado argentino venció a los Junior Springboks en 1965, no sabían que daban inicio a una leyenda. Cuánto influirá en el futuro próximo y en las generaciones venideras el éxito de ayer, sólo el tiempo lo dirá. Como en una parábola perfecta, la historia se repitió a sí misma. Con la presencia de los Pumas originales en las tribunas, pero también con un juego que lo equipara con los mejores del mundo en la actualidad y con un espíritu que difícilmente tenga parangón en el rugby moderno, la Argentina venció 37-25 a Sudáfrica y dio un paso más camino a su objetivo primordial del año: el Mundial de Inglaterra.

Cuando los Pumas jueguen ante los All Blacks el 20 de septiembre en Wembley, el debut mundialista, se enfrentarán al único rival que no han podido vencer jamás. Tras este triunfo, la lista se redujo a la mínima expresión. Una victoria que tiene ribetes históricos por el hecho de haber sido la primera ante el seleccionado sudafricano, principalmente, pero también la primera como visitante en el Rugby Championship y por haber finalizado, en el cuarto año en el certamen anual con las potencias del sur, en el 3er puesto. Visto desde un ángulo coyuntural, no parece mucho. Puesto en contexto, es un paso más camino a pelear mano a mano con los mejores.

¡Un día inolvidable! Allí están los 19 héroes del 65 cantando el himno frente a frente con los Pumas de hoy. Allí están todos juntos fundiéndose en un abrazo tras el pitazo del árbitro, como si la victoria no hubiese sido de los actuales ni de los históricos, sino de los 50 años de historia que los unen.

El 19 de junio de 1965, la Argentina derrotó 11-6 a los Junior Springboks, el segundo seleccionado sudafricano. Era la primera gira que hacían los Pumas, hasta entonces marginados a la periferia del rugby. Esa victoria no sólo les valió el apodo de "Pumas", sino que los puso en el mapa. Con la presencia de los 19 integrantes de los 26 de aquel plantel que siguen vivos, más los siete fantasmas "que se fueron de gira" (como les gusta decir) presentes en el corazón de todos ellos, los Pumas de hoy marcaron otro hito.

Hay otro componente que se transmitió a través de las generaciones: la entrega, la garra, el dar el 110%. Lo hicieron los Pumas en la gira de 1965 cuando superaron con su valor a rivales más poderosos físicamente. Lo repitieron los argentinos ayer en el King's Park, reconocido por su efusividad (sus tribunas laterales son similares a las de la Bombonera), acallado cuando en cada situación de contacto los de celeste y blanco mandaban para atrás al rival. Pocas veces se vio minimizar a Sudáfrica, que se jacta de su poderío físico, como sucedió ayer durante 80 minutos.

Un sello Puma que se ha transmitido de generación en generación y que ha sido la marca registrada del seleccionado. Alcanzó para ganarle esporádicamente a los mejores, pero ahora la misión es igualarlos, y para eso hace falta hacer daño con la pelota en las manos. Desde el ingreso en el Rugby Championship en 2012, con la conducción de Santiago Phelan y el asesoramiento del neozelandés Graham Henry, el cambio de paradigma está en marcha. La asunción de Daniel Hourcade en noviembre de 2013 marcó un antes y un después en ese aspecto, y desde entonces ha ido in crescendo. Que los Pumas puedan lastimar jugando con las manos ya no es novedad, pero el grado de perfección alcanzado en la tarde-noche de Durban no tiene precedentes.

Hacerle cuatro tries y 37 puntos a Sudáfrica, reconocido por su férrea defensa, no es cosa de todos los días. Lo último sólo ocurrió dos veces en los últimos cuatro años, ambas ante los All Blacks: 40-7 en 2011 y 38-27 en 2013. Con mucha dinámica y velocidad, y precisión clínica, los Pumas agujerearon la línea defensiva cada vez que atacaron. Marcaron de todas las formas posibles: de jugada directa de line-out, de scrum (avasallante, una de las claves del partido), de contraataque y hasta de avivada, jugando rápido un penal.

En ese sentido, hubo un nombre que no hace más que darle a esta parábola un toque más de misticismo: el wing Juan Imhoff, hijo de José Luis, partícipe de aquella gira del 65 como jugador y en tres etapas posteriores como entrenador, fue la gran figura al anotar tres tries y dar la asistencia en el restante.

La victoria, como él mismo la admitió, fue obra de los 23 que pisaron el césped. Imposible obviar la actuación del capitán Agustín Creevy, que inspira tanto con su arenga como con su ejemplo dentro de la cancha. Un titán (tal su apodo) a la hora de dejar la piel en cada ruck, recuperando pelotas él solo contra el pack sudafricano. Injusto omitir nombres, ya que todos aportaron en gran forma.

Tanto la Argentina como Sudáfrica llegaban al final del Championship con dos derrotas ante los mismos rivales, Nueva Zelanda y Australia. La diferencia es que los argentinos habían estado lejos de un rendimiento decoroso, mientras que los locales habían hecho méritos para ganar ambos partidos. Por eso, Heyneke Meyer puso lo mejor que tenía en busca del triunfo. Hourcade, en cambio, tuvo que condicionar la formación a la etapa de preparación en que se encuentra el equipo, que apunta al 20 de septiembre, con los jugadores provenientes de Europa apenas salidos de la pretemporada. Ese hecho le agregaba dificultad al hecho de jugar contra los mejores. Sin embargo, todos los condicionantes quedaron de lado a la hora de salir a la cancha.

Desde el minuto cero los Pumas evidenciaron que no se iban a dejar intimidar por el poderío Springbok. Al contrario, imprimieron una presión asfixiante que adormeció al rival. Y cada vez que Sudáfrica pudo hacer gala de su poderío, aparecieron las respuestas anímicas. Luego de un penal sudafricano, un try argentino; luego de un try springbok, dos penales de la Argentina para cerrar una primera mitad perfecta (27-23). Y cuando ya no había piernas aparecieron los suplentes (los forwards todos menores de 23). La entrega nunca claudicó.

Cincuenta años más tarde, la historia vuelve a empezar. Adonde termine, depende de ellos.

Fuente: La Nación
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