El regreso más extremo: Artemis II enfrenta su prueba clave antes de tocar la Tierra esta noche

La cápsula Orión deberá sobrevivir a un ingreso a velocidad récord, calor extremo y minutos sin comunicación antes de caer en el Pacífico.
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La misión Artemis II entra en su tramo decisivo. Tras completar un extenso recorrido alrededor de la Luna, la nave Orion inicia un regreso que concentra los mayores riesgos de toda la travesía: el reingreso a la atmósfera terrestre.

El operativo está programado para la noche de este viernes, cuando la cápsula deberá impactar en aguas del océano Pacífico frente a la costa de San Diego. Pero antes, tendrá que atravesar una secuencia milimétrica donde cualquier error puede resultar crítico.

A más de 40.000 kilómetros por hora, Orión se sumergirá en la atmósfera terrestre soportando temperaturas cercanas a los 2.700 grados. En ese punto, la fricción genera una capa de plasma incandescente que envuelve la nave y bloquea toda comunicación con la Tierra durante varios minutos, uno de los momentos más tensos para los equipos de control.

La misión, impulsada por la NASA, marca además un hito: es la primera vez en décadas que astronautas vuelven a rodear la Luna. A bordo viajan Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, quienes ahora enfrentan la fase más delicada del viaje.

Uno de los factores determinantes será el ángulo de ingreso. La cápsula debe entrar con una inclinación extremadamente precisa: si es demasiado leve, podría rebotar en la atmósfera y perder el control; si es muy pronunciado, el calor y las fuerzas mecánicas podrían comprometer la estructura.

En ese contexto, el escudo térmico se convierte en la pieza central. Fabricado con materiales diseñados para resistir condiciones extremas, deberá soportar el impacto del plasma sin permitir que el calor llegue al interior donde viaja la tripulación. Las pruebas anteriores encendieron alertas por desgaste en este componente, lo que llevó a ajustar la estrategia de descenso.

La maniobra comienza con la separación del módulo de servicio, dejando expuesta la base protectora de la cápsula. Luego, pequeños motores corrigen la orientación para encarar el ingreso de forma precisa.

A medida que pierde velocidad, la nave despliega una compleja secuencia de paracaídas: primero a gran altura y luego en etapas sucesivas hasta reducir la velocidad a poco más de 20 km/h antes del impacto con el agua.

El amerizaje no es el final del desafío. Equipos de la Armada de Estados Unidos ya se encuentran desplegados en la zona con aviones, helicópteros y buzos listos para intervenir ante cualquier escenario, incluso uno fuera del área prevista.

Una vez en el mar, la cápsula puede quedar en distintas posiciones, por lo que cuenta con sistemas inflables para estabilizarse. Recién entonces los rescatistas se acercarán para verificar condiciones de seguridad y abrir la escotilla.

El plan establece que, en menos de dos horas, tanto la tripulación como la nave deberían estar a bordo del buque de recuperación para iniciar controles médicos y técnicos.

Este regreso no solo representa el cierre de una misión: es una prueba decisiva para el futuro del programa Artemis, que busca llevar nuevamente humanos a la superficie lunar y, más adelante, abrir el camino hacia Marte.

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