Brasil: Rousseff anunció el recorte de gastos más drástico desde que gobierna el PT

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Dilma Roussef
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El nuevo ajuste es de US$ 23.300 millones y alcanza a la educación y la salud.




El gobierno brasileño  prevé para este año una retracción de la actividad económica del 1,2%, superior al 0,9% que hasta ahora tenía pronosticado.

Las tijeras sonaron con fuerza ayer en Brasilia. En un intento de recuperar la confianza de los inversores en su política económica de austeridad frente a la acechante recesión, el gobierno de Dilma Rousseff anunció un recorte de gastos por 23.300 millones de dólares, el más drástico plan de ahorro presupuestario realizado por los gobiernos izquierdistas del Partido de los Trabajadores (PT) desde que llegaron al poder en 2003 con Luiz Inacio Lula da Silva.

"Es un gran esfuerzo fiscal. Para que la economía y el crecimiento se recuperen, es necesario hacer este esfuerzo de equilibrio fiscal. Sin estabilidad fiscal, sin control de la inflación, el crecimiento no se sustenta", destacó el ministro de Planificación, Nelson Barbosa, quien reconoció que el gobierno prevé para este año una retracción de la actividad económica del 1,2%, superior al 0,9% que hasta ahora tenía pronosticado.

En cuanto a la presión inflacionaria, el gobierno reconoció que este año será del 8,26%, casi el doble de la meta oficial del 4,5 por ciento.

"Es el mayor [ajuste] de la era del PT y engloba una gran contradicción: necesita retomar el crecimiento, pero, en lugar de invertir más, recorta. El impacto social puede ser grande", advirtió el economista independiente Felipe Queiroz.

Tanto la contracción como la inflación ahora previstas para este año por el gobierno están alineadas con los cálculos de economistas del sector privado, que alertaron en los últimos meses de que la economía brasileña se encuentra al borde de una recesión.

De hecho, el Banco Central informó anteayer que la economía brasileña ya estaría por lo menos en una recesión técnica, tras sufrir una contracción del 0,81% en los primeros tres meses del año frente al último trimestre de 2014, cuando se había achicado un 0,2 por ciento.

El objetivo del equipo liderado por el ministro de Economía, Joaquim Levy, es llegar este año a un superávit fiscal del 1,2% del PBI, y pese al tamaño de la reducción presentada, muchos analistas creen que no se alcanzará esa finalidad. De hecho, Levy -apodado "Manos de Tijera"- pretendía un congelamiento incluso mayor, pero sufrió resistencias de la presidenta al sacar las cuentas.

Llamativamente, Levy no estuvo presente durante el anuncio de los recortes y la versión oficial fue que se había retrasado su vuelo de San Pablo a Brasilia.

En los círculos financieros paulistas, Levy es la figura que más garantías da a los inversores de que los cambios en la nueva política macroeconómica de Dilma se llevarán a cabo. Pero el ministro enfrenta un fuerte rechazo de algunos sectores del PT, y en los cinco meses que lleva en el cargo ya se ha desgastado mucho políticamente por tener que negociar él mismo en el Congreso los puntos del paquete de austeridad que propuso.

Además de ciertos legisladores oficialistas, sus mayores obstáculos son los presidentes de las dos cámaras, miembros del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), supuesto principal aliado del PT, pero que se encuentra en una férrea lucha de poder con el Ejecutivo.

En el Congreso todavía está demorada la legislación que forma parte del programa de ajuste fiscal impulsado por Levy, que incluye medidas para aumentar la recaudación mediante alzas de impuestos y recortes a los beneficios laborales como pensiones y reducciones al seguro de desempleo. Ante este compás de espera, el equipo económico decidió avanzar con los recortes que no dependen del Legislativo.

En su presentación, el ministro de Planificación explicó que el congelamiento de los recursos fue selectivo -no lineal-, para garantizar las inversiones y la mayor parte de los planes sociales. Sin embargo, sí han sido afectados proyectos del Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC) y el plan de viviendas populares Minha Casa, Minha Vida, que sufrieron reducciones de 8000 millones y 2000 millones de dólares, respectivamente. En total, la suma equivale a poco más de un tercio del recorte total.

El PAC fue un plan emblemático de los gobiernos del PT, lanzado en el segundo mandato de Lula, que buscó estimular la economía a través de grandes obras de infraestructura energética, habitacional y de conectividad.

"Todos los proyectos continuarán en ejecución, pero el ritmo de algunos de ellos será adecuado al nuevo límite financiero", sostuvo Barbosa.

Aclaró que muchas de las obras de infraestructura involucradas en el congelamiento, como rutas, puertos y aeropuertos, serán ofrecidas en concesión al sector privado para evitar que se paralicen. "La inversión está siendo priorizada en lo posible, así como está siendo priorizado su costeo", indicó el funcionario.

A nivel de ministerios, las carteras que mayores recortes tendrán serán Ciudades, Salud, Educación y Transportes, todas áreas en las que se cree que la población sentirá el impacto más rápido.

"En el corto plazo, los resultados son negativos, pero necesarios", reconoció el ministro, aunque destacó que el ajuste fiscal es responsable desde el punto de vista financiero, pero también social. "Tenemos que consolidar el sistema de protección social y de transferencia de renta. Y avanzar en la inclusión social a través de la prestación de servicios públicos de calidad", añadió.

Atenta a la lluvia de críticas que recibirá por el drástico recorte presupuestario, la presidenta mantuvo antes del anuncio una larga reunión con su padrino político, Lula. Junto a algunos ministros, analizaron la coyuntura política, que se ha complicado mucho desde que Dilma inició su segundo mandato, en enero.

La presidenta ya fue blanco de dos masivas oleadas de manifestaciones callejeras, organizadas por grupos civiles que exigen que sea sometida a un juicio político por su presunta responsabilidad en el escándalo de corrupción que tiene como eje a Petrobras. Además, existe un creciente malestar social por el deterioro de las condiciones económicas, que ya se están notando en un aumento del desempleo y una caída en el nivel de renta de los brasileños.

De todos modos, esta semana Dilma recibió señales positivas con la firma de varios acuerdos con China por un valor de 53.000 millones de dólares, que incluyen créditos para la atribulada Petrobras.

En tanto, como parte del paquete de medidas de ajuste, las autoridades subieron el impuesto a las ganancias para los bancos de un 15% a un 20%, con el objetivo de recaudar unos 1300 millones de dólares adicionales anualmente.

LAS ÚLTIMAS SEÑALES DE LA CRISIS

Desempleo e inflación son dos problemas que preocupan.

Brasil perdió en abril 97.828 puestos formales de trabajo, el peor resultado para ese mes desde 1992, cuando comenzó la serie histórica, informó ayer el Ministerio de Trabajo. La tasa de desempleo en Brasil fue de 7,9% en el primer trimestre de este año, un 1,4% mayor que en el último trimestre del año anterior y 0,8 puntos superior al registrado en los tres primeros meses del año pasado.

Las autoridades pronosticaron ayer que la economía brasileña se contraerá este año un 1,2%, una cifra superior al 0,9% que barajaba hasta ahora. Si se confirman esos pronósticos, la economía brasileña tendrá en 2015 su peor resultado desde 1990, cuando registró una caída del 4,35%.

El ministro de Planificación, Nelson Barbosa, admitió que la inflación este año deberá cerrar en torno a un 8,26%, pese a que el gobierno de Dilma Rousseff trabajaba con una meta del 4,5%

En el marco del programa de ajuste fiscal, el gobierno subió el impuesto a las ganancias para los bancos de un 15% a un 20%, con el fin de recaudar 1300 millones de dólares adicionales por año.

Fuente: La Nación
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