BLANCO O NEGRO: UNA ELECCIÓN POLARIZADA EN SAN JUAN

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#OPINIÓN



Este domingo tendremos el primer test electoral desde que comenzó la pandemia y desde que el peronismo volvió a recuperar el control del Ejecutivo en el país. Hay desconfianza, apatía, hartazgo y volatilidad de un electorado que, en su mayoría, rechaza los mensajes de tono proselitista y el contenido político duro. En San Juan, se gesta un verdadero enfrentamiento de modelos, dos fuerzas en cada uno de los lados de la grieta, son el modelo a escala de un país regido por las dicotomías.

El Frente de Todos, más uñaquista que nunca, contra un Juntos por el Cambio encolumnado detrás de Marcelo Orrego, el candidato opositor que mejor performance electoral ha demostrado en en los últimos tiempos. Ninguno de los dos es candidato, pero su figura sobrevuela y acompaña cada consigna, cada mensaje de esta campaña. Ciertamente ambos se insertan en estructuras que proponen modelos de país diametralmente opuestos.

Las estrategias de comunicación para esta campaña son disímiles y más evidentes que nunca; el oficialismo local busca nutrirse de la gestión provincial y municipal, en algunos casos. Mientras que la oposición encuentra terreno fértil en los desaciertos del Gobierno nacional y los escándalos que encendieron la opinión pública las últimas semanas. Este “Boca-River” electoral tiene su génesis en una sociedad motivada por las pasiones y la antinomia. Sin opciones de centro que logren enamorar o convencer, los sanjuaninos decantarán por uno o el otro extremo de esta rencilla ideológica.

El uñaquismo busca diferenciarse de sus colegas de la Casa Rosada, mucho más del kirchnerismo. Su modelo de comunicación tiende más al diálogo y la mesura. Ha optado por el detallar de forma pormenorizada algunos de los logros de su gestión y ha evitado meterse en el pantanoso ida y vuelta con el macrismo. Sin embargo, se encuentra dentro de una estructura con una estrategia muy diferente, y “donde manda capitán, no manda marinero”. Por eso, en una que otra ocasión, debió sucumbir al ya patentado “ah, pero Macri”.

“Son de mi confianza”, dice Uñac en un jingle que da vuelta por las radios sanjuaninas. En el mismo audio, el primer mandatario local pondera la buena relación con el Gobierno nacional, como un requisito fundamental para garantizar la prosperidad. No hay muchas sorpresas, casi toda la estrategia de comunicación puesta de manifiesto en una pieza radiofónica.

En las antípodas ideológicas del Frente de Todos está Juntos por el Cambio, que en San Juan se encuentra bajo el ala de Marcelo Orrego y se nutre de su imagen positiva para llegar con un mensaje muy crítico contra la gestión de Alberto Fernández. Mucho personaje nacional, como Bullrich, Vidal y Larreta acompañan los anuncios de los candidatos sanjuaninos, dejando en claro que la discusión que plantean es a nivel país y no tan territorial.

Los discursos de sus candidatos apuntan a “frenar los atropellos del kirchnerismo” y piden “equilibrar la balanza para no terminar como Venezuela”. Se alimentan del temor (fundado en algunos casos) de que la alianza de gobierno avance sobre las libertades individuales; un pensamiento muy enquistado en sectores medios.

El frente de Juntos por el Cambio en San Juan tiene el mérito de reunir a los partidos más tradicionales y con peso electoral de la oposición. Conocen de batallas locales y de pelearle una cuota de poder a Uñac. Sin embargo, entienden que es momento para llevar la discusión a la arena nacional.

La grieta está más abierta que nunca y esto es el caldo de cultivo para la polarización extrema de un electorado que elegirá entre dos opciones diametralmente opuestas. En el medio hay muy poco, ante la falta de otro candidato “antigrieta” que logre convencer, capaz de homogeneizar los activos de cada una de las fuerzas en pugna. El resultado será una elección entre blanco y negro.

Ante la apatía de los ciudadanos a la hora de concurrir a sufragar y el desinterés por los temas que incumben a esta elección, las pasiones son el combustible ideal para llenar de sobres las urnas. Apuntando a un ciudadano desencantado que emitirá su voto más por disidencia que por adhesión. Un componente de venganza será preponderante este domingo.

Allende o Laciar, esa es la cuestión. Estas PASO se votarán más con el corazón que con la cabeza y la grieta será protagonista absoluta. No tendremos muchas definiciones después del domingo, pero si mucha tela para cortar, ganadores y perdedores, vencedores y vencidos. Además de una tendencia muy difícil de revertir, pensando en noviembre.
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