Eva se cayó a una pileta, casi se ahoga y quedó con parálisis cerebral: "Tiene la esperanza de vivir mejor"

La nena necesita 40 millones de pesos para su tratamiento.

10 de febrero de 2024
eve parálisis
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La historia de Eva es desgarradora. El 22 de abril de 2021, cuando tenía apenas un año y ocho meses, se cayó a la pileta de su casa. Fue un descuido de minutos, marcado por el trajín de la pandemia en el que el home office se mezclaba con el cuidado de los hijos. Y la niña terminó flotando sin signos vitrales. La encontró su mamá, Luciana Arredondo, quien no pudo hacer otra cosa más que gritar de la desesperación. Pero su papá, Martín Giménez, tuvo el temple necesario como para practicarle reanimación cardiopulmonar, lo que sin dudas le salvó la vida. Sin embargo, desde entonces, comenzó un peregrinar para esta familia trabajadora de Avellaneda que también integran los tres hermanos de la pequeña: Isabella (10), Juan Pablo (8) y Candela (22), esta última fruto de una pareja anterior de su padre.

 

Lo cierto es que, luego de tres años de lucha, se dibujó una luz de esperanza para Eva. “Mi mamá me mandó una nota de Martita Fort que había salido en Infobae, en la que decía que se había hecho un tratamiento de células madres en China. Así que me puse a averiguar y llegué a esta empresa, que hace un tratamiento alternativo a la medicina tradicional con el que la nena podría mejorar mucho su calidad de vida. El problema es que nos dieron turno para agosto, son 23 días entre el 5 y el 27, en una clínica de Tailandia. Y necesitamos juntar el dinero para poder pagarlo y viajar, que en total sumaría unos 40.715.000 pesos”, cuenta Arredondo.

 
¿Qué fue lo que le pasó a Eva? “Nosotros tenemos una pileta bajita, tipo riñoncito, de esas que están enterradas. Y habíamos empezado a arreglar el parque con un deck, justamente, para ponerle un cerquito. El tema es que ese día habían venido los albañiles y habían dejado una puerta de la casa abierta. Y la fatalidad hizo que se escapara la gordita. Cuando no la encontré salí y, en ese momento, la vi flotando. Me desesperé, empecé a llamar al 911 porque de los nervios no podía llamar a una ambulancia. La sacamos del agua muerta. Estaba azul, no respiraba. Yo gritaba. Y Martín le empezó a hacer RCP y a implorar al cielo. Entonces un vecino nos llevó hasta el cuartel de Bomberos para ver si nos ayudaban y, como a los cinco minutos, empezó a reaccionar un poco”, relata Luciana. A partir de ese momento comenzó el derrotero de Eva y su familia. Un patrullero trasladó a la niña al Hospital Eva Perón de Avellaneda, al que llegó ya estando consciente y llorando. Pero en la guardia le advirtieron a sus padres que la situación no estaba bien y que la iban a tener que intubar. “Nos dijeron que había hecho un paro chiquito y que habían logrado estabilizarla. Pero después hizo un paro de quince minutos y los médicos no saben cómo salió de eso, porque fue mucho el tiempo que estuvo muerta mientras la trataban de reanimar. Y eso fue lo que le generó todo el daño neurológico”, recuerda Arredondo.

 
 Finalmente, la niña se estabilizó y fue trasladada en una ambulancia a la Trinidad de Quilmes. ”Cuando llegamos nos dijeron que nos preparemos porque no pasaba la noche, porque con ese cuadro y los parámetros que tenía no había chances de que sobreviviera. Fue una situación que no se la deseo a nadie. Pero ella siguió y estuvo una semana internada ahí, donde todos los días tenía una urgencia: resonancias, tomografías...Y nosotros teníamos un horario de visita de media hora, nada más, a la mañana y a la tarde. Entonces, por sugerencia de una médica, el 1 de mayo decidimos llevarla a la Clínica Fleni que es especializada en el tema”, continúa Luciana.

Sin embargo, al día siguiente, volvió el desconsuelo. Y Arredondo lo recuerda con un nudo en la garganta: “Nos dijeron que pasáramos a despedirla porque se había descompensado. Pero Dios intervino y se fueron acomodando las cosas. La traqueostomizaron, porque había tenido un intento de extubación fallido, y nos mandaron a una internación con rehabilitación a la Fleni de Escobar. Así que allá estuvimos ocho meses, con varias idas y vueltas a terapia. Y tuvimos que alquilar algo para mudarnos ahí con los otros chicos, porque necesitábamos estar cerca de la clínica. Pero la nena no avanzó nada. Y, finalmente, no dieron el alta para una internación domiciliaria en diciembre del 2021″.

De todas formas, pese a haber convertido su casa en un hospital y haber intentado todo tipo de tratamientos, Eva no ha logrado mejorar su calidad de vida. “Nos dieron cuidados paliativos, esa es la realidad. Salió traqueostomizada, con tubo de oxígeno. Y tenía enfermería las 24 horas. Después, conseguimos una neuróloga que venía a verla todos los días y le fue bajando la medicación, con lo que la nena fue reaccionando. Ya tenía un botón gástrico, porque había estado con sonda al no poder comer. Y a los seis meses, cuando empezó a mejorar, comenzó con crisis epilépticas. Entonces le hicieron una resonancia y salió que tenía una hidrocefalia, así que hubo que operarla de urgencia y ponerle una válvula en la cabeza. Estuvo otras tres semanas internada en la Fleni de Belgrano y, después, volvimos a la rehabilitación”, relata Luciana.

“Todo lo que se te ocurra que se pueda hacer, lo hace: kinesiología, fonoaudiología, terapia ocupacional, hidroterapia...¡Todo!”. explica Arredondo. Sin embargo, las secuelas de Eva son complejas: “Tiene una encefalopatía crónica severa no evolutiva, que es una parálisis cerebral, y epilepsia refractaria. Ella no puede caminar, no puede hablar, no puede mantener su tronco y se alimenta por botón gástrico. Recién ahora, estamos empezando a darle de comer un poquito y lo está tolerando bien. Pero es una situación muy difícil”.

Así las cosas, mientras en Argentina solo tiene la posibilidad de seguir con medicación, lo que según su mamá “la plancha” y hace que no pueda rendir en las terapias, en el exterior Eva tendría la posibilidad de intentar un tratamiento que podría mejorar mucho su situación. “Mandé la consulta, nos pidieron todos los estudios y nos dieron el turno. Se trata de inyecciones de células madres que hacen que se active la regeneración neuronal. Eso ayudaría a disminuir las crisis epilépticas, a controlar su tronco, a corregir su visión que también está afectada...En definitiva, tendría una mejor calidad de vida”, explica Luciana.

No obstante, para que sus padres puedan costear este procedimiento, Eva necesita de la colaboración de todos. “El tratamiento cuesta 36.960 dólares. Y el traslado para la nena, mi mamá que me tendría que acompañar para ayudarme y yo, sumaría unos 11.000 dólares más. En pesos serían unos 40 millones. Y si bien tanto mi marido como yo trabajamos, no llegamos a esa cifra ni por las tapas. Así que estamos tratando de juntar ese dinero a contrareloj para que la nena, que es una guerrera, pueda tener al menos una esperanza de vivir mejor”, concluye Arredondo.

Para colaborar con Eva está habilitada una cuenta a nombre de su mamá con el alias: esperanzaparaeva en Banco Nación y otra con el alias: unaesperanzaparaeva en el Banco Provincia. También se puede contactar a su familia a través de la cuenta de Instagram @unaesperanzaparaeva o el mail [email protected].

Fuente: Infobae

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