El tono de despedida marcó la convocatoria. Miles de simpatizantes fueron movilizados en ómnibus desde distintos puntos del país y otros se acercaron espontáneamente. Hubo escasa presencia gremial. 25 de Mayo eran los de antes.
El kirchnerismo volvió a dar ayer una nueva muestra de su poder de movilización y colmó la Plaza de Mayo y sus adyacencias con la excusa de celebrar un nuevo aniversario de la formación del primer gobierno patrio, pero que tuvo, tanto en el discurso de Cristina Kirchner como en el clima que imperó entre sus militantes, un fuerte sabor a épica de despedida del poder.
Fueron varias decenas de miles los militantes kirchneristas que se acercaron hasta la histórica plaza, y los hubo de todo tipo. Muchos llevados en micros desde distintos puntos del país, como lo atestigua la gran cantidad de ómnibus estacionados a lo largo de la avenida 9 de Julio, desde la zona del Obelisco hasta el cruce con la avenida San Juan (17 cuadras).
A diferencia de otras movilizaciones, en esta oportunidad se vio gran cantidad de coches semicama, llegados desde lugares mucho más remotos que los tradicionales bastiones peronistas del conurbano bonaerense.
En ese sentido, se destacó la decena de ómnibus rentados por agrupación La Cámpora de Tandil, que se encontraban estacionados en las inmediaciones de la intersección de la 9 de Julio con avenida Independencia. A pocos metros de allí se podían ver las combis que habitualmente transportan pasajeros a la zona oeste del conurbano contratadas por el intendente de Ituzaingó, Alberto Descalzo, para trasladar a sus militantes.
Pero la plaza no sólo se llenó de los tradicionales militantes "arriados" por los punteros peronistas. También fue importante la cantidad de militantes que se acercaron por sus propios medios hasta la zona de la Casa de Gobierno. Así, se pudo ver a familias enteras merendando a la espera del discurso presidencial en un mosaico de clases sociales que iban desde los que se podían pagar su café de la cafetería franquicia de moda hasta los que disfrutaban del arroz blanco hecho en casa. El mapa de la Plaza de Mayo de ayer reprodujo la geografía que ya es habitual en los actos convocados por el kirchnerismo. Las primeras líneas frente al palco para las agrupaciones incondicionales: La Cámpora, Unidos y Organizados y Kolina.
Pocos gremios
También como suele ser habitual desde que Hugo Moyano rompió relaciones con la Casa Rosada fue muy escasa la participación gremial, destacándose en ese marco la columna de la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN), el gremio favorito del vicepresidente Amado Boudou, que instaló paños gigantes en los principales edificios públicos de la zona. Los más vistosos estaban sobre los edificios de la Diagonal Sur, que fue la puerta de entrada para todas las columnas de la miríada de agrupaciones kirchneristas que asistieron al llamado de la jefa del Estado.
En ese sentido, fue muy clara la diferencia de perfil de los asistentes según por dónde ingresaban a la Plaza. Así, mientras que por la Diagonal Sur y Avenida de Mayo lo hicieron la gran mayoría de las agrupaciones, por Diagonal Norte se podía ver a un público militante, pero menos organizado.
A diferencia de los días anteriores, en los que el Gobierno había organizado distintas muestras, las calles de ingreso a la Plaza de Mayo lucieron despojadas para facilitar el ingreso de los asistentes. Para muchos de los que ayer asistieron a la Plaza de Mayo la jornada fue un paseo en un fin de semana largo, para lo que fueron de mucha ayuda los números musicales y el buen clima que acompañó a los festejos organizados por el Gobierno.
En ese sentido, fue notable cómo el discurso de la Presidenta separó a aquellos militantes más comprometidos con la causa kirchnerista de los que tomaron el viaje al centro de la Capital como un momento de esparcimiento. Donde más se pudo ver esta división era en las esquinas donde estaban las columnas de sonido que replicaban el discurso presidencial, donde se producía una concentración de aquellas personas interesadas por escuchar a Cristina Kirchner.
Sin embargo, a escasos metros de ahí se podía ver la otra cara de la moneda: gente paseándose casi sin escuchar el discurso presidencial y disfrutando de una auténtica romería, donde había choripanes o hamburguesas por 30 pesos y globos (30 la unidad o dos por 50) hasta brazos extensibles para sacarse autofotos.
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