
La mente también juega: cómo afrontar la frustración y la falta de minutos en el básquet

La preparación de un deportista no termina en lo físico, técnico o táctico. Ana Paula Vera, licenciada en Psicología y especialista en deporte, explicó que habilidades como la atención, la autorregulación emocional y el manejo de los pensamientos también necesitan entrenamiento para sostener el rendimiento y el bienestar durante una competencia.
Uno de los escenarios abordados fue el de aquellos jugadores que entrenan durante toda la semana, pero luego disponen de pocos minutos o directamente no ingresan al partido. Vera señaló que allí pueden aparecer frustración, enojo, inseguridad y cuestionamientos sobre el propio rendimiento. “Es importante que el jugador pueda expresar lo que le está pasando y que del otro lado exista un feedback del entrenador”, explicó.
Nicole Vicentela reconoció que atraviesa actualmente una situación de ese tipo después de 12 años vinculada al básquet. Contó que inicialmente la frustración llegó a alejarla durante algunos meses de los entrenamientos, pero luego decidió modificar el enfoque. “Dije: tengo que seguir. Me pongo a entrenar el doble, no falto y trato de ver cómo lo soluciono”, relató. Vera destacó esa respuesta porque pone el foco sobre aquello que el deportista sí puede controlar.
Sofía Ferra planteó una experiencia diferente: aprovechar al máximo cada oportunidad que aparece dentro de la cancha. “Si no estoy aportando con puntos, me concentro en agarrar rebotes, defender y dar lo mejor”, explicó. Para la jugadora, comprender que existen diferentes maneras de contribuir permite adaptarse a las necesidades del equipo y evitar que el rendimiento quede reducido solamente a la anotación.
Vera también diferenció la frustración de una pérdida progresiva de confianza. Un jugador frustrado puede seguir pidiendo la pelota, tomando decisiones y participando activamente. En cambio, cuando la confianza comienza a deteriorarse pueden aparecer conductas de inhibición, miedo al error, bloqueos o directamente la intención de no intervenir en el juego.
La especialista remarcó que sentir frustración no constituye por sí mismo un problema. El riesgo aparece cuando esa emoción se acumula sin espacios para procesarla. “Las personas que llegan a un punto de explosión muchas veces se callaron constantemente, se guardaron la bronca y la frustración”, sostuvo.
Por ese motivo, Vera resaltó la importancia de contar con espacios de diálogo con entrenadores, compañeros, familiares o profesionales. La psicología deportiva, explicó, no busca eliminar las emociones negativas, sino brindar herramientas para reconocerlas, expresarlas y encontrar nuevas maneras de afrontar cada situación.
El mensaje final apuntó a entender al deportista de manera integral. Entrenar la mente implica aprender a convivir con los errores, aceptar momentos de menor protagonismo y evitar que los minutos en cancha determinen el valor personal de quien compite. En ese proceso, hablar antes de llegar al límite puede resultar tan importante como cualquier entrenamiento físico.
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