
A 40 años de la histórica gira de Universidad por la Unión Soviética

Cuarenta años atrás, un plantel de la Universidad Nacional de San Juan protagonizó una de las giras más particulares en la historia del rugby provincial. En 1986, en un escenario internacional completamente diferente al actual, los sanjuaninos viajaron a la entonces Unión Soviética para participar de una competencia junto a equipos y seleccionados europeos.
La posibilidad comenzó casi como una inquietud de Oscar Balverdi. A través del sistema de télex de la Universidad, realizó una consulta ante la Embajada Argentina en Moscú para conocer si existía interés en recibir a un equipo de rugby. La respuesta terminó superando cualquier expectativa: fueron invitados a compartir actividad con representantes de la Unión Soviética, Polonia, Rumania e Italia. “Lo que era una suposición, de repente estaba concretado”, recordó.
La invitación cubría los gastos durante la estadía, pero el plantel debía conseguir el dinero para los pasajes. Comenzó entonces otra parte de la aventura. Hubo venta de pizzas, rifas y diferentes actividades para recaudar fondos. Luis Mombello eligió un camino más extremo: vendió una cadena de oro que había recibido de sus abuelos. “Todavía me lo recriminan, pero quién te quita el recuerdo del viaje”, contó entre risas.
El arribo a la Unión Soviética también produjo un fuerte impacto. Los controles migratorios, la barrera idiomática, un alfabeto completamente diferente y las costumbres locales marcaron los primeros días. “Era muy difícil comunicarse, pero la gente era muy buena. Siempre intentaban ayudarte”, recordó Rodríguez. La reciente consagración de Argentina en el Mundial de fútbol de México también ayudaba a romper distancias: la camiseta albiceleste rápidamente llevaba a una palabra conocida por todos, “Maradona”.
Dentro de la cancha, el desafío fue todavía mayor. Universidad era un equipo de club que debía medirse con seleccionados nacionales de una importante superioridad física. El plantel perdió sus compromisos, pero sus protagonistas recuerdan especialmente la actuación frente a Rumania. “Fue el mejor partido que jugamos”, coincidieron. También destacaron la exigencia de los encuentros contra los soviéticos y la diferencia de contextura en los forwards, aunque aseguraron que el scrum sanjuanino consiguió competir de igual a igual en varios pasajes.
La gira tuvo además un episodio preocupante cuando Juan Ramela recibió un golpe a la altura de un riñón durante uno de los primeros partidos y debió permanecer internado durante buena parte de la estadía. Afortunadamente pudo recuperarse. Fuera de ese momento, las anécdotas se multiplicaron: la convivencia en una villa de alto rendimiento, las cuatro comidas diarias, el primer contacto de muchos con el caviar y hasta una accidentada noche de vodka compartida con jugadores polacos y rumanos.
Cuatro décadas después, los resultados quedaron en segundo plano. Para Rodríguez, Balverdi, Mombello y Quiroga, aquella aventura representa el esfuerzo colectivo de un grupo que consiguió atravesar medio mundo para jugar al rugby y representar a San Juan. Una experiencia nacida de un télex, financiada con sacrificio y convertida en uno de esos recuerdos que el paso del tiempo terminó haciendo todavía más valiosos.
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