La emoción de los vallistos que por primera vez tienen luz a las sierras

La llegada de la energía eléctrica a Sierra de Chávez y Sierra de Elizondo comenzó a transformar la vida cotidiana de familias que durante generaciones vivieron sin este servicio.
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Vallistos Sierras del Chávez
Vallistos Sierras del Chávez

Durante años, cuando caía el sol en las sierras vallistas, no había mucho que hacer: encender un candil y continuar la noche bajo la tenue luz de una llama. Hoy, en algunos de los puestos de Sierra de Chávez y Sierra de Elizondo, una acción tan simple como presionar un interruptor representa un cambio histórico.

La obra que lleva adelante la Dirección de Recursos Energéticos comenzó a llevar electricidad a familias que viven en uno de los sectores más aislados de Valle Fértil. Para muchos de sus habitantes, no se trata solamente de tener una lámpara encendida, una heladera o un electrodoméstico: significa acceder a posibilidades que hasta hace poco parecían lejanas.

Una de las vecinas de la zona, Anabel Vera, resumió la emoción que genera este cambio al recordar su propia infancia.

“Nunca tuvimos luz. Yo nací y me crié en Sierra de Elizondo y ahora vivo acá, en Sierra de Chávez, con mi esposo y mi hija. Cuando era niña era común que nos alumbráramos con un candil. Pensar que ahora mi hija va a tener luz me da mucha felicidad”.

Las nuevas posibilidades aparecen en situaciones cotidianas que para cualquier familia urbana pueden resultar habituales. Lavar ropa sin depender del agua helada en invierno, conservar alimentos, iluminar una habitación o utilizar herramientas para trabajar son algunas de las transformaciones que ya comenzaron a sentirse.

En uno de los puestos, la llegada de la energía permitió incluso avanzar con la construcción de una vivienda.

“Ahora que tenemos luz mi esposo empezó a construir nuestra casa porque puede hacer andar la hormigonera, cosa que antes no se podía”, contó otra vecina.

La electricidad también abre expectativas laborales. En otra vivienda, un padre comenzó a enseñarle a soldar a su hijo adolescente, con la intención de que pueda aprender un oficio y tener una alternativa de trabajo en el futuro.

Para Facundo Fernández, la obra tuvo además un significado especial. Fue contratado para participar en los trabajos de conexión y pudo llevar la electricidad hasta la casa de sus propios padres.

“Para mí es una oportunidad única. Porque no sólo podemos tener luz, sino que también tengo trabajo y estoy ayudando a todos los puesteros”.

Así, en medio de caminos de montaña, corrales, cabras y fogones a leña, las sierras de Valle Fértil comienzan a vivir una transformación silenciosa pero profunda. El paisaje conserva su esencia y el ritmo de vida sigue siendo el mismo, pero cuando llega la noche algo cambió para siempre.

Donde durante generaciones se encendió un candil, ahora empieza a alcanzar con tocar un interruptor.

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