Tras la condena, la madre de Elisa, Filomena Claps, expresó: “La verdad ha salido a la luz, por fin se ha hecho justicia”. Aunque también admitió: “Soy cristiana, pero jamás lo perdonaré”.

Diario Móvil
El 12 de septiembre de 1993, Elisa Claps le avisó a su familia que iba a ir a misa y que volvía más tarde. Por eso, salió de su casa en Potenza, una ciudad del sur de Italia, y se dirigió hacia la iglesia de la Santísima Trinidad.
La joven tenía 16 años y había acordado encontrarse ahí con Danilo Restivo, un chico de 21 a quien conocía anteriormente. La adolescente tenía previsto volver después de unas horas, pero nunca nadie la volvió a ver.
Su rastro se perdió alrededor de las 12.45 del mediodía y comenzó una búsqueda que se extendería durante casi dos décadas.
Restivo fue la última persona conocida que vio a Elisa con vida y, desde los primeros días de la investigación, fue el principal sospechoso de su desaparición.
Durante su declaración, Restivo aseguró que había hablado con ella durante algunos minutos dentro de la iglesia y que luego la adolescente se había ido sin decirle a dónde. Sin embargo, con el paso del tiempo aparecieron contradicciones y elementos que hicieron que los investigadores volvieran una y otra vez sobre su versión.
En septiembre de 1994, un año después de la desaparición, fue detenido por haber dado falsas declaraciones durante la investigación y en marzo de 1995 recibió una condena por ese delito.
Durante los años siguientes, la familia Claps mantuvo la búsqueda de Elisa mientras distintas hipótesis intentaban explicar qué había ocurrido con ella.
Una de las pistas llegó incluso a señalar que la joven podía encontrarse en Albania, captada por una red de trata, aunque esa posibilidad fue rápidamente descartada. El caso, sin embargo, permaneció sin una respuesta definitiva y con una pregunta que se repetía en Potenza: qué había ocurrido con la adolescente después de entrar a aquella iglesia.
La ausencia de un cuerpo impedía reconstruir con precisión el crimen y mantener viva la investigación durante tantos años se convirtió en una lucha permanente para sus familiares.
La investigación tuvo un giro decisivo el 17 de marzo de 2010, casi 17 años después de la desaparición.
Ese día, unos obreros que realizaban trabajos de mantenimiento por filtraciones de agua ingresaron a una zona normalmente inaccesible del sottotetto —el espacio bajo el techo— en el último piso de la iglesia de la Santísima Trinidad, en el centro histórico de Potenza.
Allí encontraron restos humanos que estaban ocultos entre tejas, escombros y materiales de construcción. Junto al cuerpo se hallaron prendas y objetos personales que permitieron orientar rápidamente la identificación: un reloj, una cadena, un par de sandalias y unos anteojos que pertenecían a Elisa.
Posteriormente, los análisis de ADN confirmaron que se trataba de la adolescente desaparecida el 12 de septiembre de 1993.
Seis meses después, Restivo fue condenado en Italia a 30 años de prisión por el asesinato de Elisa Claps. La pena fue dictada mediante un juicio abreviado, mientras que el acusado permanecía detenido en Inglaterra por el crimen de Heather Barnett.
Dos años después, en abril de 2013, la Corte de Apelaciones de Salerno confirmó la condena. Para participar de esa instancia, Restivo fue trasladado temporalmente desde el Reino Unido hasta Italia.
Restivo continuó sosteniendo su inocencia durante el proceso y llegó a presentar una carta dirigida a la familia de Elisa. Pero los tribunales rechazaron su versión y mantuvieron la responsabilidad penal por el homicidio.
En octubre de 2014, la Corte de Casación italiana confirmó de manera definitiva los 30 años de prisión. Los jueces eliminaron únicamente la agravante de crueldad porque consideraron que no había pruebas suficientes para demostrar que el asesino había infligido sufrimientos adicionales sobre el cuerpo de Elisa después de su muerte. Esa decisión no modificó la duración de la condena.
En los argumentos de la sentencia definitiva, la Corte de Casación calificó el crimen como un delito de “extraordinaria gravedad” y sostuvo que Restivo era responsable del asesinato, más allá de toda duda.
Tras la condena, la madre de Elisa, Filomena Claps, expresó: “La verdad ha salido a la luz, por fin se ha hecho justicia”. Aunque también admitió: “Soy cristiana, pero jamás lo perdonaré”.











