Economistas sanjuaninos hacen sus proyecciones para este 2026

Entre expectativas de desaceleración inflacionaria, cambios en el esquema cambiario y un contexto de ajuste macroeconómico, especialistas locales analizan el futuro.

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El arranque de 2026 encuentra a la economía argentina en un terreno delicado, atravesado por un fuerte proceso de ajuste y por cambios estructurales en variables clave como el dólar, la inflación y las tasas de interés. En ese contexto, los economistas sanjuaninos Arturo Lépez y Lucas Sánchez, ambos licenciados en Economía por la Universidad Nacional de San Juan, trazan escenarios posibles para el año que comienza, con matices claros entre una mirada más optimista y otra decididamente prudente.

Para Lépez, uno de los puntos centrales del nuevo año será el funcionamiento de las bandas de flotación cambiaria. “El esquema de bandas ajustadas por inflación busca evitar atrasos cambiarios y, al mismo tiempo, reducir la volatilidad extrema. Si el dólar se mueve dentro de ese corredor y la inflación sigue desacelerándose, el impacto puede ser positivo sobre las expectativas”, explica. En ese sentido, remarca que varias proyecciones privadas ubican la inflación de 2026 en niveles significativamente menores a los de 2024 y 2025. “Si la inflación anual se acerca a valores de entre el 15% y el 20%, como plantean algunas consultoras, eso habilita una baja real de tasas”, sostiene.

Esa eventual reducción de las tasas de interés es, para Lépez, una de las claves del año. “Con tasas reales menos contractivas, el dinero deja de estar tan concentrado en instrumentos financieros y empieza a aparecer el crédito”, afirma. Y agrega: “El crédito hipotecario, que hoy es marginal, puede empezar a reactivarse si hay previsibilidad en inflación y salarios. No va a ser masivo, pero puede marcar un cambio de tendencia”.

Lucas Sánchez coincide en que el esquema macro es distinto, pero advierte que los riesgos siguen presentes. “El ajuste fiscal y monetario logró frenar la inflación, pero también generó una recesión profunda. Ese efecto no desaparece automáticamente en 2026”, señala. Desde su perspectiva, las tasas de interés seguirán cumpliendo un rol defensivo. “Aunque bajen nominalmente, van a seguir siendo altas en términos reales para evitar presiones sobre el dólar y la inflación. Eso enfría el consumo y limita el acceso al crédito productivo”, advierte.

Sobre el tipo de cambio, Sánchez es más cauto. “El nuevo régimen le da más flexibilidad al dólar, pero no lo vuelve inmune. Si las reservas no se fortalecen y la economía no genera dólares genuinos, cualquier shock externo puede empujar al tipo de cambio al límite superior de la banda”, explica. En ese marco, recuerda que varias proyecciones para 2026 anticipan un dólar en alza, aunque sin saltos abruptos. “Eso ayuda a la previsibilidad, pero no elimina la incertidumbre”, aclara.

En cuanto a la actividad económica, Lépez considera que puede haber una recuperación gradual. “Si el orden macro se sostiene y no hay sobresaltos, la economía puede crecer, aunque sea a un ritmo moderado. Algunas estimaciones hablan de un crecimiento cercano al 3%, empujado por sectores como energía, minería y servicios”, apunta. Sánchez, en cambio, pone el foco en el impacto social del ajuste. “El rebote puede existir, pero va a ser desigual. El salario real viene muy golpeado y eso condiciona el consumo, que sigue siendo el principal motor de la economía”, señala.

Ambos coinciden en que 2026 será un año de transición, más que de resultados inmediatos. “Es un año en el que se va a poner a prueba si la estabilización macro alcanza para generar confianza sostenida”, resume Lépez. Sánchez completa: “El desafío es que el orden no se traduzca en estancamiento permanente. La macro puede estar más prolija, pero si la actividad no reacciona, el costo social se vuelve difícil de sostener”.

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