
Cuando muere un hijo: el espacio en San Juan que desde hace 32 años acompaña a las familias
Diario Móvil
Hay dolores para los que resulta difícil encontrar palabras. Para Luis, Adriana y Rosa, la muerte de sus hijas cambió para siempre sus vidas, sus familias y hasta la forma de relacionarse con los demás. Los tres encontraron en Renacer un espacio donde compartir esa experiencia con otros padres y, con el paso del tiempo, transformar el sufrimiento en una manera de acompañar a quienes recién comienzan ese camino.
Los tres contaron sus historias durante una entrevista en El Número del Día, programa que se emite por +Medios. En San Juan, Renacer lleva 32 años acompañando a padres que enfrentan la muerte de un hijo, con encuentros periódicos y una dinámica basada en la ayuda mutua.
Adriana llegó después de la muerte de Celeste, su hija de 17 años. Al intentar describir aquel momento, recordó que “fue una bomba atómica que cayó en el medio de nuestro hogar”, porque junto con su hija sintió que desaparecieron “sueños, proyectos, ilusiones” y aquella vida que había imaginado para ella. Durante meses atravesó un período de profunda tristeza hasta reconocer que ya no podía transitarlo sola.

Fue entonces cuando apareció Renacer. “Cuando me di cuenta que ya no podía sola, llegó esta esperanza a mi vida que se llama Renacer”, relató. Adriana recuerda su llegada como la de alguien que estaba “naufragando en algún mar sin el timón” y encontró en otros padres esos “faros” que podían comprender desde su propia experiencia lo que estaba viviendo.
El paso del tiempo no significó olvidar a Celeste. “Yo la extraño desde el día en que se fue”, explicó, pero aseguró que pudo modificar la manera de convivir con esa ausencia. Uno de los procesos más complejos fue trabajar sobre la culpa y comprender que no podía responsabilizarse por la muerte de su hija. “Renacer ha hecho en nuestra familia devolver a la sociedad padres más comprensivos, más cariñosos, más responsables”, sostuvo.
La experiencia de Luis y Rosa comenzó en 2008, cuando murió Cecilia, de 22 años. Apenas dos días después de despedirla, Luis llegó por primera vez a una reunión de Renacer acompañado por su esposa. Desde entonces no dejaron de participar: “Llevamos 18 años yendo a Renacer, ayudándonos, ayudando”, contó. Ese recorrido incluso los llevó a encuentros nacionales y a participar de experiencias para transmitir el funcionamiento del grupo fuera del país.

Luis remarcó especialmente una diferencia que consideran central: Renacer no se define como un grupo de autoayuda, sino de ayuda mutua. “Yo tengo un papá adelante mío que lo ayudo y me ayuda, es un ida y vuelta”, explicó. Ese principio coincide con los fundamentos del movimiento, que plantean que ayudar a otro padre que sufre puede convertirse también en una manera de encontrar sentido al propio sufrimiento.
Para Rosa, aquel espacio significó directamente un punto de inflexión. “Renacer me salvó la vida”, afirmó. La mamá de Cecilia define al grupo como una “escuela de vida” y sostiene que el objetivo no consiste en borrar la historia de sus hijos, sino en aprender a recordarlos desde otro lugar. “Yo ahora vivo con el amor de mi hija, no con el dolor”, expresó.
Esa transformación también implica enfrentarse a ciertas miradas sociales sobre cómo debería comportarse una persona después de perder a un hijo. Rosa contó que aprendió a permitirse nuevamente reír, bailar y disfrutar sin sentir que eso significa olvidar a Cecilia. “Yo me río porque mi hija era así”, explicó, y aseguró que su manera de homenajearla es valorar los 22 años que compartieron.
Adriana resumió ese proceso desde su propia experiencia: “Mi hija no está perdida, mi hija está en un lugar muy privilegiado de mi vida”. Según relató, con el tiempo recuperó las ganas de vivir y comprendió que también debía continuar entregando amor a sus otras hijas y a las personas que permanecían a su lado.
La filosofía de Renacer se apoya precisamente en no buscar el olvido. Entre sus fundamentos aparecen enfrentar la realidad dolorosa, aprender de ella, encontrar un sentido al sufrimiento y otorgarle un nuevo significado a la vida. La tarea se define además como solidaria y gratuita, con especial atención hacia los padres que recién llegan y atraviesan los momentos de mayor sufrimiento.

32 años en San Juan
Renacer nació originalmente en Río Cuarto en 1988, a partir de la experiencia de Gustavo y Alicia Berti tras la muerte de su hijo Nicolás. Con los años comenzó a extenderse y llegó también a San Juan.
En la provincia, el grupo comenzó a funcionar hace 32 años, un 19 de marzo. Según relató Luis, su impulsora fue Ana María, una madre que había perdido a su primer hijo y encontró inicialmente acompañamiento en Renacer Mendoza. Junto con otras madres sanjuaninas comenzaron a viajar cada 15 días hasta la vecina provincia hasta que decidieron organizar los encuentros localmente.
Actualmente, las reuniones se realizan el primer y tercer viernes de cada mes en la iglesia La Merced. Durante el invierno son de 17 a 19 y en verano, de 18 a 20. Pueden participar padres y también otros integrantes de las familias, como hermanos y abuelos.
El espacio tampoco establece diferencias por la edad de los hijos ni por las circunstancias de sus muertes. Como explicó Adriana, allí conviven historias atravesadas por accidentes, enfermedades, suicidios y otras causas. El punto de encuentro está en una experiencia común: ser padres después de la muerte de un hijo.
Quienes necesiten acercarse pueden buscar al grupo en Instagram como Renacer San Juan. Durante la entrevista también dejaron como contactos los teléfonos 264 6713372 (Luis) y 264 5502251 (Adriana).
Después de más de tres décadas en San Juan, Luis sintetizó buena parte de la mirada que comparten quienes integran Renacer: “El amor de nuestros hijos triunfa sobre la muerte”. Para ellos, acompañar al padre que llega por primera vez quebrado por una ausencia es también una forma de mantener presente la memoria de sus propios hijos.
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