
Cada vez más escuelas de San Juan restringen el uso del celular y ya hablan de mejores vínculos entre los alumnos
Diario Móvil
La restricción del uso del celular en las aulas dejó de ser una medida aislada para convertirse en una tendencia en San Juan. Mientras el debate se instaló en todo el país tras la decisión de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires de limitar los teléfonos en las escuelas secundarias, distintos establecimientos de la provincia ya aplican políticas similares e, incluso, algunas van más allá con acuerdos que buscan retrasar el acceso de los chicos a los dispositivos y a las redes sociales.
Uno de los casos más recientes es el del Colegio San Francisco, que desde el 3 de agosto implementó un protocolo para que los estudiantes del nivel secundario mantengan los celulares apagados y guardados en la mochila durante toda la jornada escolar. La medida fue el resultado de un proceso iniciado el año pasado junto a docentes, equipos de orientación y familias, luego de detectar conflictos entre alumnos vinculados al uso de las redes sociales y un deterioro en la atención durante las clases.
La directora Leticia Monla explicó que el objetivo no fue prohibir la tecnología, sino recuperar los vínculos dentro de la escuela. "Iniciamos este proceso desde la pedagogía del cuidado. Intentamos que no fuera una prohibición, sino una toma de conciencia, pero llegó un momento en que tuvimos que decir: el celular va apagado en la mochila", sostuvo.
Los primeros resultados, según la institución, aparecieron en apenas unos días. "Hemos notado que vuelven a conversar, juegan, traen juegos de mesa, figuritas y hasta los más grandes pasan los recreos hablando entre ellos sin mediar el celular", contó Monla. También destacó el acompañamiento de las familias: "Los padres que vinieron a retirar el teléfono de sus hijos terminaron felicitando a la escuela por la decisión".
El Colegio San Pablo adoptó una política similar desde el inicio del ciclo lectivo. Allí los alumnos pueden ingresar con el teléfono, pero deben mantenerlo apagado y dentro de la mochila durante todo el horario escolar. Solo se permite su utilización cuando un docente lo solicita previamente con fines pedagógicos y las familias son notificadas.
La representante legal de la institución, Jimena López, aseguró que la decisión respondió a una preocupación que iba más allá del rendimiento académico. "Entendemos que la escuela debe ser un espacio protegido para aprender, concentrarse y vincularse cara a cara. No es una decisión contra la tecnología, sino a favor del aprendizaje y de la socialización", explicó.
Según López, la medida fue ampliamente aceptada por las familias y también por los estudiantes. Incluso recordó que, antes de adoptar la restricción, el colegio había incorporado mesas de ping pong y otros juegos para fomentar la interacción durante los recreos, aunque los alumnos seguían utilizando el teléfono para comunicarse o realizar pagos digitales.
Otra institución que decidió avanzar todavía más es el Colegio Integral, donde comenzó a impulsarse el Pacto Parental, una iniciativa que invita a las familias a comprometerse para demorar la entrega del primer teléfono celular y postergar el acceso a las redes sociales durante la adolescencia.
La propuesta nació en Mendoza, pero ya comenzó a sumar adhesiones en San Juan y otras provincias. Su planteo central es que el acompañamiento de los padres resulta indispensable para que las restricciones dentro de la escuela tengan continuidad en la vida cotidiana. El acuerdo también propone alternativas como teléfonos básicos para llamadas y mensajes, tarjetas físicas para realizar pagos y un uso más controlado de la tecnología.
Más allá de las diferencias entre cada establecimiento, todas las experiencias comparten un mismo diagnóstico: el uso excesivo del celular afecta la convivencia, la concentración y las relaciones entre los estudiantes. Por eso, en lugar de eliminar la tecnología del ámbito educativo, las escuelas buscan recuperar su utilización como una herramienta pedagógica y no como un elemento permanente de distracción.
La coincidencia entre distintas instituciones muestra que el debate ya dejó de centrarse en si los celulares deben estar presentes en la escuela. La discusión ahora pasa por cómo enseñar a convivir con la tecnología sin que esta termine desplazando el aprendizaje, el diálogo y los vínculos cara a cara.




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