
Ni la derrota ni la lluvia apagaron el orgullo: cientos de sanjuaninos con la Selección
Diario Móvil
Ni el resultado adverso, ni la lluvia que comenzó a caer sobre el centro sanjuanino alcanzaron para romper el vínculo que la Selección construyó con los hinchas durante este Mundial. Lo que había comenzado como una tarde de ilusión terminó con lágrimas y abrazos, pero también con aplausos y un reconocimiento espontáneo para un equipo que volvió a poner a la Argentina en una final del mundo.
Desde varias horas antes del partido, la Plaza 25 de Mayo volvió a poblarse de familias, grupos de amigos, niños con la camiseta albiceleste y banderas gigantes. El clima era el de las grandes citas: cánticos, fotos, bombos y una expectativa que crecía con el correr de los minutos mientras todos aguardaban el inicio del encuentro.
Durante el desarrollo del partido, la tensión fue reemplazando a la euforia. Cada intervención de Emiliano "Dibu" Martínez era celebrada con fuerza y cada ataque argentino renovaba la esperanza de un pueblo que nunca dejó de creer. Pero el gol de Ferrán Torres, en el tiempo suplementario, dejó a la plaza en un silencio absoluto. Por algunos segundos nadie habló. Solo se escuchó el sonido de la lluvia que comenzaba a caer sobre el microcentro.
El pitazo final encontró a muchos con lágrimas en los ojos. Hubo chicos refugiados en los abrazos de sus padres, amigos que permanecieron en silencio y familias enteras intentando asimilar que el sueño del bicampeonato había quedado a un paso.
Sin embargo, el momento de tristeza duró poco. Lejos de vaciarse inmediatamente, la plaza volvió a cobrar vida con un gesto que se repitió casi de manera natural: los aplausos comenzaron a multiplicarse y los hinchas, en lugar de retirarse, eligieron agradecer. La lluvia siguió cayendo, pero nadie parecía prestarle demasiada atención.
Poco a poco volvió a escucharse el clásico "Argentina, Argentina", acompañado por banderas que continuaban flameando bajo el agua. Otros eligieron cantar "Soy argentino, es un sentimiento, no puedo parar", una canción que terminó transformándose en el cierre de una noche distinta, sin festejos multitudinarios, pero cargada de emoción.
Muchos también repasaban el recorrido del equipo de Lionel Scaloni: la clasificación a la final, la victoria frente a Inglaterra y el esfuerzo de un plantel que llegó al último partido después de otra campaña memorable. Para ellos, el resultado no alcanzaba para borrar todo lo construido durante el torneo.
Así, San Juan volvió a demostrar que el acompañamiento a la Selección fue mucho más que el resultado de un partido. Porque, aunque la copa viajó hacia España y la lluvia obligó a buscar refugio por momentos, ni el clima ni la derrota lograron disuadir el reconocimiento de cientos de sanjuaninos, que decidieron despedir a la Scaloneta con el mismo orgullo con el que la acompañaron durante todo el Mundial.





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