De una misión a un disco: la historia de Tabor, la banda sanjuanina que nació de la fe

Jóvenes de distintos movimientos católicos de la provincia se unieron tras una experiencia en Angaco y hoy trabajan en su primer material musical.
Rodrigo Galdeano
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Tabor

Lo que comenzó como un servicio para acompañar momentos de oración terminó convirtiéndose en una experiencia que les cambió la vida. Así nació Tabor, una banda integrada por jóvenes sanjuaninos que encontró en la música una forma de compartir la fe, construir comunidad y acercar a otros a Dios.

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La historia empezó durante la cuarta edición de la Misión Arquidiocesana de Jóvenes (MAG), realizada el año pasado en Angaco. Allí, más de 300 jóvenes de distintos movimientos e instituciones católicas de la provincia participaron de la experiencia, entre ellos un grupo que fue convocado para animar musicalmente las actividades. Había guitarras, percusión, violín y voces, pero también algo más: una conexión que ninguno esperaba.

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“Cuando terminó la misión nos pusimos a compartir cómo nos habíamos sentido y casi todos expresamos que la música nos había ayudado a rezar y a profundizar un encuentro con Dios”, recordó Milagros González, una de las integrantes. Aquella experiencia los llevó a preguntarse si estaban llamados a seguir juntos. Después de un tiempo de oración y discernimiento, decidieron dar el paso y construir una identidad propia.

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Eligieron llamarse Tabor en referencia al monte donde, según el Evangelio, ocurrió la transfiguración de Jesús. “Cuando servimos con la música muchas veces experimentamos esa profunda presencia de Dios y el deseo de decir: qué bien que estamos acá”, explicó Milagros. El objetivo, asegura, es que a través de cada canción otras personas también puedan encontrarse con Él.

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Hoy el grupo reúne jóvenes de distintos puntos de San Juan y diferentes carismas dentro de la Iglesia. Facundo Figueroa, de Acción Católica de la Parroquia de Fátima, encontró en la banda un espacio para compartir la fe con hermanos de otros movimientos y asegura que cada ensayo se convirtió en su “cable a tierra”. Juan Ignacio García, de Schoenstatt, destaca la conexión musical que surgió desde el primer encuentro y define a la música como el puente que lo conecta con lo más profundo de su ser. Martín Pósleman, uno de los integrantes del proyecto, valora la posibilidad de compartir canciones con otros jóvenes creyentes y describe la música como un momento de libertad y disfrute.

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Para María Julia Pignatari, integrante del Movimiento Eucarístico Juvenil y Schoenstatt, Tabor fue un regalo inesperado de Dios y una oportunidad para poner los dones al servicio de los demás. Desde Angaco, Rocío Mereles cuenta que nunca imaginó que aquel equipo musical formado para una misión seguiría unido y sostiene que la música es su forma favorita de rezar. Enzo Alejos, de Acción Católica de Rawson, destaca la riqueza de reunir jóvenes de diferentes instituciones y entiende la música como una herramienta privilegiada para acercarse a Dios.

La historia también incluye a Facundo Riveros, de Acción Católica de Santísimo Sacramento, quien encontró en Tabor un lugar seguro para hacer música y evangelizar junto a amigos que comparten el mismo objetivo. Guadalupe Calvo, integrante de Camino de Emaús y de la Parroquia San Francisco de Asís, afirma que la música es refugio, identidad y encuentro, mientras que Mariana Ramírez, de Rawson, la define como una fuente de paz y tranquilidad. Más allá de los instrumentos y las voces, todos coinciden en algo: Tabor se transformó en una familia unida por la fe y el deseo de servir.

Ese mismo espíritu es el que hoy impulsa a la banda a dar un nuevo paso. Actualmente trabajan en la grabación de su primer material discográfico, que incluirá composiciones propias y versiones de canciones católicas. “Nuestro propósito es que este material pueda ayudar a otros a rezar y a encontrarse con Dios en lo cotidiano. Queremos utilizar la música como herramienta de evangelización”, explicó Milagros.

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Para concretar el proyecto, los integrantes realizan distintas actividades solidarias y reciben colaboraciones de la comunidad. Sin embargo, aseguran que el apoyo no pasa únicamente por lo económico. “La oración también es muy importante para nosotros. Nos nutrimos de eso para poder seguir llevando adelante esta misión”, señaló.

Para quienes desean apoyar el proyecto, pueden enviar sus donaciones al alias "tabormusica", a nombre de Martín Pósleman.

Lejos de los grandes escenarios y las producciones masivas, Tabor crece desde otro lugar. Lo hace entre amigos que comparten la misma fe, ensayos que se convierten en oración y canciones que buscan llegar al corazón. Porque, como descubrieron después de aquella misión en Angaco, a veces una simple melodía puede convertirse en el comienzo de algo mucho más grande.

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