De vendedor ambulante a jefe: la historia de superación y entrega de Cristian Machado

Este 18 de mayo, Cristian cumple 30 años de trabajo dentro de Renault, una pasión que entrelaza con su amor por la danza folklórica. Conocé su historia de vida.

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Cristian Machado
Cristian Machado

Córdoba cuenta con decenas de sectores fabriles y es cuna de un importante polo industrial. En este sentido, una de las empresas emblemas es la automotriz Renault. Con su planta en barrio Santa Isabel, pobló la zona sudoeste de la ciudad y se convirtió en un referente de la industria cordobesa.

Por su envergadura en la historia de la provincia, Vía  Córdoba visitó sus instalaciones y conoció a Cristian Machado, un cordobés de 51 años que este 18 de mayo cumple 30 años de trabajo en  Renault. Pasó de vender golosinas en la puerta de la fábrica a liderar equipos con una pasión única, la cual entrelaza con su amor por la danza folklórica.

DE VENDEDOR AMBULANTE: LA HISTORIA DE CRISTIAN MACHADO

A mediados 1950, Santa Isabel era un barrio de la  ciudad de Córdoba Córdoba que aún conservaba su fisonomía y aspecto pueblerino, rodeado de grandes extensiones de tierra sin poblar. Buena parte de los terrenos pertenecían a la familia del ingeniero Rogelio Nores Martínez, quien no dudo en donarle hectáreas a los Kaiser para que instalaran una automotriz en la zona.

La gentileza de Nores Martínez se debía a que sus tierras tomarían gran valor una vez que la fábrica estuviese en funcionamiento. Y así fue. Santa Isabel se fue poblando por los operarios que llegaron a la entonces IKA (Industrias Kaiser Argentina). Cuatro años después, en 1959,  Renault se asoció con la firma y este 2023, alcanzó los 69 años de producción.

La zona creció mucho y la planta no solo daba trabajo a sus operarios, sino también a los comercios a su alrededor. Esto es lo que vio Cristian Machado, quien a sus 11 años comenzó a vender golosinas en la puerta de Renault.

“En ese momento, mi padre perdió su trabajo y se enfermó. Entonces, tenía que ayudar a mi familia porque éramos cinco hermanos y mi mamá”, relató en diálogo con Vía  Córdoba. “Veía cómo podía ayudar a mis papás. Vendía galletitas, alfajores, maní, pururú. Cuando arranqué, no tenía mucho. Pero después de dos o tres años, tenía casi un kiosco con mesitas”, agregó.

En paralelo, Cristian asistía a una escuela técnica, algo que fue clave para su ingreso en la fábrica de  Renault. “Con lo que ganaba podía afrontar mis estudios, eso me ayudó mucho”. Trabajó en el ingreso a la planta hasta sus 18 años, cuando comenzó a estudiar ingeniería. Sin embargo, al poco tiempo abandonó la carrera debido a la salud de su papá. “Ahí es cuando decido solo trabajar”, dijo.

A JEFE: UNA OPORTUNIDAD QUE CAMBIÓ SU VIDA

Durante sus siete años como vendedor ambulante, algo se sembró en él. “Los veía cuando entraban a la fábrica, cuando salían, escuchaba lo que contaban, quería ser uno de ellos”, recordó Cristian. Se acercó a ese anhelo en 1993, cuando su hermano le contó que en  Renault buscaban personal.

Se presentó con la guardia de la fábrica y su título de técnico lo habilitó para ingresar a las entrevistas. “Me hicieron todos los estudios y me dijeron que tenía que esperar. La espera duró un año”, contó. En 1994, Cristian quedó efectivo en otra fábrica cuando recibió la carta que cambió su vida.

“Ese mismo día, mi suegro me había conseguido una solicitud de empleo para Cargo y cuando llegué a mi casa, mi mamá estaba llorando con la carta que decía que me tenía que presentar al día siguiente a trabajar en  Renault”, comentó con emoción.

Ingresó a la empresa como operario, luego pasó a ser líder, años más tarde a supervisor y en la actualidad es jefe de unidad del departamento de soldadura en la línea de cerraje. Se trata del sector que revisa los últimos detalles de la estructura y que define si un auto está listo o no para ser pintado.

Cristian ingresó a  Renault cuando tenía 21 años. Hoy tiene 51 y este 18 de mayo cumple 30 años de trabajo en la empresa. “Miro hacia afuera y me acuerdo cuando vendía en la puerta de la fábrica. Nunca me olvido. Todos los días, paso por ese lugar para no olvidarme los inicios, de dónde vengo”, manifestó.

Cuando tenía cuatro años, Cristian comenzó a bailar folklore. “Era muy inquieto y mi mamá no sabía qué actividad darme para calmarme un poco”, dijo. “Aprendí a bailar con Aldo Bessone y con su hija Mariela”, reveló. Luego pasó por otras academias y se recibió de profesor de danza folklórica.

Fundó su propia academia de baile cuando tenía 15 años, mientras estudiaba y trabajaba. Se codeó con grandes referentes de la danza como Miguel Angel Tapia, quien lo convocó para ser parte del Ballet Argentino.

Al finalizar su adolescencia, conoció a su actual esposa, Ivana Molina, con quien tuvo tres hijas. Toda la familia se sumergió en el folklore, pero en la actualidad solo Cristian e Ivana enseñan en su academia Ballet Huellas de Tradición.

La institución funciona en Santa Isabel 2da sección, muy cerca de  Renault. Tienen alrededor de 40 alumnos de todas las edades y un largo historial de presentaciones a lo largo y ancho del país. Este año, su ballet participó en la apertura y el cierre del Festival de Jesús María junto a Ángel Carabajal.

Una buena parte del día, Cristian está dentro de la fábrica y la otra parte, en su academia de folklore. “Empieza una etapa de la vida que ya tenés que tomar definiciones. Creo que mi meta es ser lo más feliz que pueda. Seguir disfrutando de mi trabajo. Están mis dos nietos, que me impulsan a ir a trabajar, a estar buena onda y con todas las ganas”, confesó. “Mi objetivo es muy claro: ser feliz con mi familia”, cerró.

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